El encuentro con los “otros” y el descubrimiento de nuestros valores

¿A quién elegirías para formar una familia; a una persona que comparte tus valores y tiene una visión similar de la vida, o a alguien muy diferente a ti? Creo que me imagino tu respuesta. En efecto, en la naturaleza genética, evolutiva o divina de los seres humanos, parece existir un anhelo profundo, intrínseco e inherente de asociación, de similitud. Enraizado en las necesidades humanas básicas, este impulso innato a afiliarse con criaturas similares, nos ha llevado a emparejarnos para la reproducción y a co-crear comunidades.

Son varias las necesidades que nos llevan, en cierto grado, a formar agrupaciones sociales en las cuales nos podamos sentir satisfechos, significativos, importantes y cómodos. Estos deseos son la base de los valores culturales. Los valores son estándares de lo que es considerado deseable dentro de una colectividad, reflejando tradiciones culturales. Pero también plantean una distancia percibidas con quienes han generado otras tradiciones culturales.

Las experiencias compartidas por la gente común para brindar soluciones a los problemas cotidianos termina moldeando la esencia de la cultura. La cultura adquirida está compuesta de cientos (quizás miles) de micro-eventos de la vida cotidiana que crean “reglas invisibles” de cómo deberíamos comportarnos y relacionarnos con los demás (Hall, 1998). De esta manera, inconsciente pero cooperativamente, creamos culturas en base a la similitud, y simultáneamente nos disociamos de aquellos diferentes. Esto nos lleva también a generar curiosidad (y también temor) cuando nos encontramos con la diversidad.

Los encuentros con el “otro”, como punto de partida de la consciencia cultural

Como humanos, por lo general no somos conscientes de la medida en la que nos encontramos inmersos en nuestros patrones culturales. Son justamente nuestras características compartidas y transmisibles, lo que nos ofrece una identidad colectiva. Sin embargo, esta identidad suele ser reconocible cuando necesita ser distinguida. No podemos saber con claridad cómo es nuestra propia cultura, ni siquiera que pertenecemos a una; hasta que alguien o algo nos presentan a “nosotros” en contraste con “ellos” o los “otros”. Quienes hemos vivido algún tiempo en otro país, somos conscientes de este hecho.

En algún punto de nuestras vidas y experiencia nos encontramos con la “otredad” por primera vez. Para la mayoría, esta es la primera vez que comenzamos a darnos cuenta que nuestros propios supuestos de orientación hacia la vida no son asumidos por todos. Como dijo una vez Blas Pascal, “Hay verdades en este lado de los Pirineos que son falsedades en el otro lado”.

¿Cuándo fue la primera vez que te hiciste consciente de la existencia de otros valores diferentes a los tuyos?

Marcelo Baudino - 2


Marcelo Baudino
Director de Iceberg Inteligencia Cultural
Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/marcelobaudino

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